Manual para el uso del dólar

Como suelen suceder las cosas en el país, como si fueran naturales, el dólar se ha convertido en nuestro signo monetario. Ni de vaina Guzmán Blanco en 1879 pensó que algo como esto podría ocurrir. Pero ocurrió. Hoy el 53% de nuestras transacciones se hacen en moneda norteamericana, bueno, en honor a la verdad, el bolívar hoy es una moneda depreciada y despreciada

Cómo ha llegado el país ha tener tantos dólares, es casi un misterio, pues si contamos lo que llega por las remesas, lo que nos llega por la venta del poco petróleo que exportamos, y otros rubros, no sumamos los 700 millones de dólares que los especialista señalan que circulan en la economía venezolana. Hacemos la observación que estamos haciendo, abstracción de dinero sucio que obviamente se lava y se legaliza en el país a través de fachadas empresariales.

Pero miren que no es fácil lidiar para el común de la gente, con nuestro nuevo signo monetario. Esa dificultad ocurre especialmente en la ciudad de Maracaibo, donde todo es más difícil.

Por eso, en la entrega de esta semana brindaremos a nuestros lectores un manual muy sencillo para manejar con eficiencia el dólar y evitarle situaciones difíciles. En verdad quiero contribuir modestamente a que ustedes no cojan arrecheras justamente cuando ya tienen las cosas en su carrito y el cajero le dice: lo siento señor ese billete no lo recibimos aquí, pues, está manchado, la ceja de Benjamín Franklin tiene un arquito medio raro que hace que ese billete pudiera ser falso, o usted puede escuchar los más comunes, está roto o está viejo  y, carajo, hasta tiene mal olor.

Veamos, esto es lo que usted tiene que hacer si posee un billete de cualquier denominación: Primero, tiene obviamente que cuidar ese billete, manoséelo con cariño y no lo descuide pues, ese billete del carajo, tiene muchos amigos.

Segundo, no lo meta en su bolsillo derecho, donde por lo general mete las llaves de su carro (se ha comprobado que las llaves del carro son de las peores enemigas, pues son las causante de las rasgaduras y los rayones que sufren), pues allí es cuando las cajeras de Pastelitos Pipo, Chop´s, Salsa y Mordisco, etc., lo puede dejar sin desayuno, negándose a recibir el billete.

Tercero, no lo arrugue. Si por un descuido lo arruga, al confundirlo con una factura de tintorería, la única solución es acudir a Las Pulgas, nuestro Banco Central informal, a ver si un alma piadosa de los cambistas se conduele de su situación y se lo acepta.

Cuarto, no lo doble por la mitad, como seguramente hacía con el hoy despreciable billete de 500 bolívares, pues la marca que se forma es igualmente motivo de no aceptación por los comerciantes formales e informales que actúan como agentes del servicio de protección de la Reserva Federal norteamericana.

Y quinto, evite billetes viejos, esa es una razón de primer orden para invalidar su transacción, y sobre todo, si el billete, especialmente los viejos de 10 dólares, tienen el retrato de Alexander Hamilton, este señor, fue el primer secretario del Tesoro de los EE.UU., nunca fue presidente de ese país. Esto lo supe de primera mano, porque, los maracuchos serán pendejos para calarse las largas colas para comprar gasolina sin chistar, pero se las saben todas a la hora de recibir dólares. El señor que me vende el pollo, me echo el cuento de Hamilton para rechazarme el billete de diez con el que yo quería comprarle dos kilos de pechuga, y de paso me remató: además, señor Arenas, ese tipo ni norteamericano era.

Esta es mi humilde contribución para un mejor uso de su billete de dólar.

Soc. Ender Arenas Barrios